sábado, 29 de junio de 2013

No triunfes

No triunfes


O la apasionante historia de los que hemos oído esa frase.

Vivimos en un mundo bastante singular y curioso que alardea, anuncio tras anuncio, conversación tras conversación y propaganda tras propaganda, de ser un lugar en el que todo el mundo puede realizar su sueño. «La tierra de la Libertad », se atreven a llamarse algunos, y por todas partes nos llueven invitaciones a saciar nuestras inquietudes y a luchar por lo que queremos.

La imagen del éxito como ese ente superior que sólo puede estar al alcance de unos pocos privilegiados es tan abstracta e inalcanzable que las personas llegamos a creer que probablemente nunca lleguemos a ella. ¿O acaso me equivoco? ¿Acaso no todos hemos comenzado proyectos, aún creyendo que podríamos no comernos ni un rosco?

Sin embargo, tú, iluso e inocente y con el ánimo de todos, te tiras de cabeza y esperas, de alguna manera, llegar a ese éxito. A ése que te han vendido. No al tuyo propio.

Nadie te va a decir que hagas lo que te llene, aún si eso no gusta a otra gente. Nadie te va a decir que tú decides cuál es la meta que te quieres poner, ni que no tiene que ser necesariamente tan alta como la de los demás. Nadie te va a animar a que forjes tu propia vida, ni a decidir cuánto quieres trabajar en ello. Nadie te presentará el trabajo como algo gratificante que puede enriquecer tu vida y permitirte ir a dormir tranquilo cada día, sabiendo que estás un poco más cerca de aquello que tú realmente quieres. Nadie te dirá que busques en tu interior aquello que sabes hacer y se lo ofrezcas a la gente. No hay, probablemente, persona en el mundo que te vaya a decir que hagas aquello que sabes hacer y no aquello que crees que va a gustar a la gente. Nadie te dirá que conviertas la felicidad de otros en tu obsesión ni te animarán a explorar las mentes de las personas para saber cómo puedes llegar a ellas. No te enseñarán a ponerte en el lugar de aquél que te presta atención, ni te darán una brújula con la que puedas guiarte por el extraño mundo que es tu vida, ese mundo en el que tendrás tantas cosas por aprender. 

 La visión simplista del éxito, en la que uno no consigue nada hasta que no es conocido y admirado por mucha gente, es algo que vende muy bien. Es algo que queda muy bonito viniendo de cantantes con la vida resuelta o de gente que vive de comerle el culo al mercado. A muchos les da igual, amigo, que seas tú quien decide hacer lo que quieras. Les da igual que sepas que eres libre de decidir cómo quieres hacer las cosas. Les da igual hacerte ver todo lo que puedes ganar.

Hagas lo que hagas, siempre encontrarás a gente que te dirá que es imposible. Que necesitas dinero, que tienes que estudiar, que tú solo no podrás. Te dirán que eso es algo temporal, algo en lo que no puedes persistir.Y es que la envidia, compañero, y el sentimiento de que si ellos no han podido, tú tampoco podrás, puede salir incluso de las personas que menos imaginas. No debes culparlas, porque lo último que debes hacer es no cuidar de tus compañeros de viaje, pero sí es cierto que algunos te lanzarán un mensaje de desánimo camuflado de advertencia: ¡Para eso tienes que practicar mucho! ¡Para eso necesitas dinero! ¡Cómo vas a hacer eso tú solo, si soy yo quien te lo hace todo?. Te dirán, indirectamente, que no triunfes. Bueno, que ni lo intentes.


Nadie descubrirá ni aprenderá nada por ti, y eso es una suerte, amigo, eso es un tesoro; guárdalo bien y deslómate por abrirlo. De lo contrario, tendrás una vida tranquila y relajada, sin nada que demostrar a nadie, sin nada que superar. Sin nada que ganar ni nada que perder; sin ninguna necesidad de trabajar ni ningún fruto que recoger. Sin ni siquiera saber todo lo que te pierdes. Una vida, aunque tú no lo sepas, menos vida. Un abismo en el que, tarde o temprano, terminarás cayendo al vacío.

Y Horror Vacui, amigo mío. Tenle miedo al vacío.