Idiomas: A la conquista del saber.
Es difícil hablar sobre algo tan sentimental como aprender idiomas sin herir sensibilidades a la mínima, pero me he propuesto en este texto intentar definir, describir, el porqué de que haya gente que nos queramos dedicar única y exclusivamente a los idiomas, que al fin y al cabo no son más que un medio, un instrumento, sea cual sea el escenario en el que aparezcan.
Para todo futuro estudiante de lenguas, los idiomas son algo que empieza, simplemente, estando ahí. Estudias inglés porque te obligan y, en mi caso, francés porque mis amigos lo hacían. En general, no suelen ser un gran problema para la gente que tiene un poquillo de picardía y son, por suerte, bastante fáciles de aprobar. Los idiomas son, al principio, las canciones de segunda. No sabes por qué están ahí, no sabes qué te van a aportar, pero nadie se atreve a sacarlas del disco. Pero el tiempo pasa y llega un día que tienes que entrar a un sitio que se llama universidad y los descuidados como yo, que en traducción abundamos, tenemos que decidir para dónde vamos a tirar. Y entonces ahí están. Los idiomas. Las brillantes canciones que llenarán la portada de tu carrera universitaria.
La toma de contacto es una vuelta de reconocimiento. Miras dónde estás, por dónde te mueves y a qué velocidad puedes ir. Pero después suena el silbato y comienza la carrera. Y ahí es donde te das cuenta de lo que que te espera. Los que estudiéis conmigo ya lo sabréis: droga dura para mentes inquietas. La dosis que te ayuda a entender y que te eleva de la inutilidad.
Rebeldes y vivos, no permitirán jamás, ni al cotidiano ni al estudioso, saberlo todo de ellos. Cual camaleón, cambiarán en el momento menos pensado, obligándote a tener la mente en guardia. Amplios y sofisticados, te obligarán cada segundo a retener cualquier tipo de información. Cada palabra, cada estructura, cada tiempo verbal, cada pronombre son un regalo para el vivo y una carga para el necio. De ti dependerá desenfundar el cerebro o rechazar el desafío.
Haz idiomas para despertar. Para comprender el significado oculto que se esconde detrás de cada ironía, de cada humor, de cada insulto. Para romper las barreras y sentir como los de fuera. Haz idiomas por altruismo, para conectar culturas, para expandir la ciencia, para compartir la cultura, las risas y los llantos que se esconden en las páginas de un libro o tras la pantalla de un televisor. Pero sobretodo, haz idiomas por egoísmo. Sí, amigo, por egoísmo. Para sentir, una y otra vez, la sensación de embriaguez de beber de la fuente del saber que, no lo dudes, te llevará a la locura.
Allons ensemble découvrir ma liberté
oubliez donc tous vos clichés
bienvenu dans ma realité