Para un país lleno de Cicerones de bolsillo.
Te doy la bienvenida, querido lector, a una clase introductoria de oratoria y dicción para cortos. La función básica de esta clase será transmitir tu mensaje de una manera cuanto más arrogante posible, de manera que aquél que no opine como tú, quede eclipsado por lo tonto que eres. A continuación, intentaré explicar, de una manera breve pero detallada, aquellos patrones por los que deberás regirte para que parezca que opinas algo y no se note tanto que lo que pasa es que odias a los moros, a los rojos y a toda esa panda de animales.
Aspectos
básicos:
La
teoría del retrete.
Un
aspecto fundamental de la oratoria y la dicción para muñones. Para
la correcta transmisión de tu mensaje, son necesarios tres
elementos:
El emisor: Este sujeto tendrá la función de soltar la mierda. Normalmente, el emisor habrá sentido previamente una grave molestia (tal como que un negro pueda no morirse en España, o enterarse de que se está votando sobre algo). Esta molestia es conocida como diarrea mental y pondrá en marcha el proceso de defecar cantidades ingentes de opiniones que en realidad no te crees ni tú.
El
receptor o retrete:
Aquél que tendrá que tragársela. Éste tendrá la función de
escucharte y analizar tus palabras, mientras se intenta evadir de
otras tentaciones como por ejemplo forrarte a hostias para que te
calles de una vez
El medio: Tu mayor aspiración será salir en la tele.
A partir de ahí, puedes aplicar a placer la teoría mencionada
con anterioridad, siempre asegurándote de que tu opinión es
mierda y de no ser tan tonto como para que no se la trague
nadie. Probablemente, éste sea el aspecto menos importante de
los tres, pues tu basura, por desgracia para algunos, puede ser
vista, leída o escuchada en cualquier sitio en el que tú la quieras
poner.
NO
pienses, habla: Es muy
importante que tu opinión sea lo más impulsiva y poco argumentable
que puedas. La argumentación, que servirá para que parezcas menos
tonto, es un proceso posterior
que hará que parezca que sepas de lo que hablas. Para ello, un buen
medio es citar a filósofos. No
importa si lo que dices no tiene una mierda de sentido, eso hará que
parezcas más inteligente y que puedas aparecer en los medios-retrete
más importantes de este país. (que es España, importante).
Repite
la misma mierda una y otra vez
La mejor batalla contra
los argumentos constructivos es repetir tu discurso bananero, que
probablemente te esté convirtiendo en un bufón de los franquistas
wannabes, una y
otra vez, cada vez alzando más la voz y reduciendo más al absurdo
el argumento del otro, que seguramente será profesor, pensador de
izquierdas o de demás bandas de terroristas guarros. Tu misión será
comerle el culo con una fruición legendaria a cualquiera de los
domingueros con poder (eso que llaman la marca España)
que gobiernan en este país (ojo, he dicho que gobiernan,
no confundir con el PP), para
que parezca que lo que dices es respaldable por alguna persona que no
tenga un traje lleno de caspa o que no sea un cervezarca con sueños
de dictador.No dejes al otro hablar, no vaya a ser que tenga razón
La siguiente es la inteligente técnica de rebatir de antemano lo que opine el otro. La ancestral técnica cicerónica de adueñarse de la verdad, el legado del conocido como El orador perfecto, aquél que nunca perdió un caso, el maestro de la retórica, el que persuadía a los emperadores. Aquí, en la extrema derecha oradora, somos los chapurreadores de lo antiguo, los alumnos informales de la clase de la argumentación y del sentido común, los bad boys del instituto de la política, los bullies frustrados de todos aquellos que tienen algo que decir, aquellos a quienes llamamos izquierda.
Con
estos sencillos pasos, ya puedes ser un orador basura, defensor de la extrema derecha y de la voluntad de los que no te quieren. Ya puedes ser uno
más de los que piden tajada y no reciben, un dictador frustrado. Uno
de los de haz
lo que yo diga y no lo que yo haga,
y de los de ustedes
hagan lo que yo y no se metan en política.
Ahora, puedes opinar sobre la universidad, sobre la enseñanza y
sobre demás términos económicos sin tener ni puta idea.
Enhorabuena, eres un opinador mal formado, un orador caducado.
Eres
un Cicerón de bolsillo.
