El arte eres tú
Me invade una cierta tristeza al ver cómo se muestra la gente. Me apena el afán por convencer y el deseo de aparentar. Me desconcierta y me desorienta el ver cómo tanta gente comparte y enseña su éxito sin saber yo siquiera para qué lo quieren o lo necesitan. Es como si las vidas de todos los que no son yo fueran un mar de éxitos e ilusiones con alguna pena endulzada que no cuestiona en absoluto su integridad, como si sus vidas fueran un ascenso sin límites en el que a veces se encuentra una piedra que quitar del camino.Me cuesta encontrar las noches sin dormir, los puntos y comas que no saben dónde ponerse, las notas malsonantes, las lágrimas, los nervios, las manos que tiemblan y las mentes que se bloquean y se controlan. Y no es por que tenga envidia y la quiera calmar, sino porque busco, en algún sitio idílico, un mundo en el que la gente se conozca para poder ayudarse, y en el que cada uno ascienda porque tiene fuerza y algo que aportar. Me disgusta el pensar del que pisa un nuevo escalón sin saber que ha roto los de abajo, pues cuando el aire le ahogue no tendrá más remedio que saltar. Y, sin embargo, simpatizo con el que cree en lo que ha hecho y lo potencia y promueve con todas sus fuerzas.
Los elogios me pesan, porque me cuesta encontrar la grandeza que me sugieren en el cuerpo de una persona como yo, y me causan miedo las palabras de aquellos que engrandecen mi trabajo, pues son ésas y las mías propias las que me han subido en esta nube de idiotez de la que me cuesta tanto salir.
Poca gente verá estas cosas y menos las entenderán de verdad, pero es esencial para solucionar los grandes problemas que, hoy en día, tiene el arte. Las fotos del Facebook, las páginas de internet y los carteles de conciertos te servirán para aumentar tu ego y dar impresión de que todo lo haces bien, pero no te ayudarán a mejorar. No te ayudarán ni a tocar mejor, ni a cantar mejor, ni a pintar mejor, ni a escribir mejor, ni a esculpir mejor. No contribuirán a construir los fundamentos del castillo de sentimientos, emociones y principios que tu arte debe representar. Y, como toda casa que se empieza por el tejado, caerá. Caerá y se perderá para siempre en el olvido de las fotos de Facebook, las páginas de internet y los carteles de conciertos. Una pena.
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