Hay que follarse a las mentes
Odio Agosto, es el domingo del año. Me engorda la mente y me esboza una sonrisa extremadamente patosa mientras las ideas geniales y el trabajo constante se me escapan como un tren al que dejo pasar con una impasibilidad bíblica.
Voy a volver. Voy a levantarme de una vez de esa tremenda siesta que supone el verano respecto a los demás meses del año. Aunque también hay que decir que el verano se ha llevado muchas cosas malas, pero bueno, será cuestión de ir haciendo y probando a ver cómo se pueden recuperar. De momento me voy a hacer una manzanilla, que así parezco más intelectual. Pues no, mira, un té.
Voy a volver. Voy a levantarme de una vez de esa tremenda siesta que supone el verano respecto a los demás meses del año. Aunque también hay que decir que el verano se ha llevado muchas cosas malas, pero bueno, será cuestión de ir haciendo y probando a ver cómo se pueden recuperar. De momento me voy a hacer una manzanilla, que así parezco más intelectual. Pues no, mira, un té.
Hablando de intelectualidad, cómo no recordar a ese brillante Sherlock que desea con todas sus fuerzas un asesinato en su ciudad sólo para volver a activar su mente después de un par de días aburrido en su salón pegando tiros y tocando el violín. Os mentiría si os dijese que no incorporaría bastantes cosas de su personalidad a la mía, pero, por suerte, la mente crece con el trabajo y muere con el descanso, cosa que tan sólo nos puede conducir, a ti y a mí, amigo, a una síntesis. Ser una persona normal, con sus sentimientos y su humor, pero con un toque de intelectualidad que nos haga interesantes. O unos intelectuales con sentimientos, como se quiera ver. ¿A que mola?
Sí, mola. A todos nos mola ese toque de arrogancia que culmina la inteligencia. Esas grandes mentes que eclipsan a cuerpos pequeños, no necesariamente apetecibles si no fuera por la psicología que nos ata. Y a todos nos molan esas personalidades extrovertidas que nos engañan hasta en lo más tonto. Esa gente perfecta que es capaz de ver su perfección y tapar aquello que no tienen: errores. Y que dejan en ti un recuerdo de esplendor que eclipsa a todos los demás. Venga, es que al igual no os gusta.
Pero bueno, en parte por eso, por lo perfectos que podemos llegar a ver a los demás si no pensamos, hay que empezar desde cero y, después de tan largo período de inactividad, volver a los inicios, empezando por aquello que todos sabemos que es fundamental si queremos que algo nos salga bien: conocernos. Conocernos y trabajar, siendo conscientes de que es inútil pensar si no es para solucionar nuestros errores. Los que estudiéis lo tendréis muy fácil, porque supongo que ya sabréis perfectamente qué lugar ocupa lo que hacéis en vuestra vida y además la mayoría os habréis inspirado más o menos en alguna persona como la que yo he citado arriba. Hay que retomar la idea de activar la mente, de abrirla y ensancharla todo lo que se pueda para poder abarcar todas esas tareas que la van a estimular poco a poco, mirándonos a nosotros mismos y viendo cómo crecemos. Nadie de las personas que creemos tan malditamente interesantes ha llegado a ser lo que es sin contemplar cómo avanza y sin ser ayudados, en algunos atractivos casos, con un ego tan sexy... pero tanto...
Y no es que tengas que esforzarte por ser como nadie, pero todos buscamos ese equilibrio y ese punto álgido entre inteligencia, felicidad y bienestar propio y creo que el trabajo y un poco de ego sano son una buena manera de alcanzarlo. Que sí, que hay otros caminos, está claro, pero probablemente no sean tan interesantes de escribir con un folio en blanco delante y una intelectual manzanilla que me he dejado en el microondas.
Eh, pero aún está calentica. En fin, amigos, que esto no iba a ser un consejo ni una reflexión sobre lo interesante que son las mentes sexys acompañadas o no de cuerpos apetecibles, pero ya que he divagado un poco y me he permitido compartir con vosotros los deberes que creo que hay que hacer ahora que se acaba el verano, sí que os daré un consejo: No seáis tontos, el trabajo en lo que queréis y un poquito de ego siempre ayudan.
Y recordad: Hay que follarse a las mentes. El cuerpo es lo que viene después.
He publicado una entrada sobre el nacionalismo catalán. Si te interesa leerla estoy abierto a debate.
ResponderEliminarhttp://elquebosteza.blogspot.com.es